El lunes 12 de octubre, en el Estadio José Bernardo Pérez de Valencia, Luis Landaeta tuvo que formarse en la taquilla y pagar sus propias entradas para llevar a su hijo al juego inaugural de la LVBP 2026-2027. El mismo Landaeta que fue MVP y Productor del Año del Magallanes en 2003-2004, que acumuló 427 imparables y promedió.278 en 19 temporadas, y que en 2004-2005 conectó cuadrangulares en cuatro juegos consecutivos —una marca histórica de la liga. La directiva de los Navegantes, campeones defensores, no le extendió un pase de cortesía. Él lo hizo público afuera de la boletería, y el béisbol venezolano lleva dos días sin saber bien qué responder.
Qué pasó exactamente en la boletería
Landaeta llegó al Estadio José Bernardo Pérez como cualquier aficionado: a ver el partido de apertura con su hijo. Cuando buscó los pases de cortesía que esperaba recibir como exjugador de la franquicia, la directiva del Magallanes no se los dio. Sin drama adicional, tuvo que sacar dinero del bolsillo y comprar sus boletos en ventanilla. El incidente no implicó agresión física: el ‘maltrato’ que denunció fue el de la indiferencia institucional, que a veces duele más que cualquier empujón.
El tuit de @TuVozSport recoge la denuncia e interpela directamente a @FEDEXROJAS —una cuenta o asociación vinculada a los ex peloteros venezolanos, cuya naturaleza formal no fue posible confirmar— con una pregunta que muchos prefieren no hacerse en voz alta: ¿es obligatorio darle pases de cortesía a todos los ex jugadores? La respuesta corta es que no existe un reglamento público de la LVBP que lo exija. La respuesta larga es más incómoda.
Lo que construyó Landaeta y lo que eso debería significar
Para entender el peso del momento hay que ver los números. 19 temporadas en la liga, 427 hits de por vida,.278 de promedio y 214 carreras impulsadas. En 2003-2004, el año que fue MVP y Productor del Año, Landaeta fue el bateador más temido que tenían los Navegantes. Y en la zafra 2004-2005 hizo algo que muy pocos peloteros en la historia del béisbol criollo han logrado: conectar jonrones en cuatro juegos consecutivos, una racha que quedó grabada en los libros de la LVBP.
Pasó la mayor parte de su carrera vistiendo el uniforme turco. No es un exjugador cualquiera que se acercó a pedir un favor: es parte del ADN del club. El Magallanes llega a esta temporada 2026-2027 como campeón defensor de la LVBP y de la Serie de las Américas 2026, con 14 títulos en su historia. Ese prestigio institucional y el trato que recibió Landaeta en la taquilla no cuadran bien juntos.
La pregunta que el béisbol venezolano no quiere responder
No es un tema de reglamento: es un tema de cultura de club. En muchas ligas del mundo, las glorias de una franquicia tienen acceso garantizado al estadio —no porque la ley lo diga, sino porque los clubes entienden que su historia vale y que las personas que la construyeron merecen algo más que un trato de taquilla. Que esa conversación tenga que darse en público, con Landaeta afuera del estadio contándolo en video, dice algo del estado actual de esa relación.
El Magallanes no ha respondido públicamente al incidente. La LVBP tampoco. Y Landaeta, con sus más de dos décadas de béisbol encima, terminó viendo el juego inaugural —un Tiburones 10, Magallanes 6, por cierto— con las entradas que él mismo pagó. La pregunta queda abierta para la directiva turca: ¿cuánto vale la historia del club sin las personas que la hicieron?
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