El polémico movimiento de Rafael Devers a los San Francisco Giants no solo levantó olas por el cambio de ambiente y elevado contrato, sino también por las duras observaciones de David “Big Papi” Ortiz. El legendario slugger dominicano no se guardó nada y lanzó una serie de comentarios que rápidamente se volvieron virales e incendiaron el debate en los medios y redes sociales, incluso sobre lanzó un dardo sobre la presencia de Barry Bonds en la presentación de «Carita» en Oracle Park.
Ortiz no tardó en manifestar que, aunque Devers posee un gran talento con el bate, carece del perfil “completo” que Boston exige en sus estelares.
“No puedes solo ser un bateador… tienes que ser el paquete completo, un jugador completo”, enfatizó Ortiz.
El conflicto se centró en el pedido por parte de los Red Sox para que Devers, tras la llegada de Alex Bregman y la lesión de Triston Casas, cambiara su rol como bateador designado y asumiera la primera base. Esa negativa derivó en fricción con la directiva liderada por Craig Breslow. Ortiz señaló que ese tipo de reclamos no deberían trascender fuera del clubhouse y que debe haber comunicación interna:
“El peor enemigo de un pelotero es su ego… debes mantener las diferencias dentro del equipo”, declaró el Salón de la Fama dominicano.
Nace una nueva era en San Francisco
Ya con los Giants, Devers adoptó una actitud más abierta ante el cambio a primera base, compromiso que no extendió en Boston: “Estoy dispuesto a jugar donde digan”. En su presentación en San Francisco, estuvo presente Barry Bonds, quien podría fungir como mentor y referente. Al respecto, Ortiz lanzó una indirecta al señalar que Devers no tiene cercanía con figuras latinas:
“Tu no te comunicas con el que habla tu idioma… y ahora vas a hablar con Barry Bonds?”, dijo El Big Papi.
Un comentario que encendió críticas acerca de su percepción del “liderazgo cultural” y si debe exigirse más allá de la cancha.
Más palabras de David Ortíz sobre el caso Rafael Devers:
«Veo mucha gente hablando que Devers ahora en San Francisco tiene a Barry Bonds… Manito pero tu no te comunicas con el que habla el idioma tuyo, ¿y te vas tú a comunicar con Barry Bonds?»
¿Qué opinas? pic.twitter.com/rTyS8lgyFl
— The Postdom (@thepostdo) June 21, 2025
Choque generacional y contradicciones
La crítica no pasó desapercibida. Desde múltiples plataformas y redes sociales, varios usuarios calificaron el mensaje de Ortiz como irónico, recordando que él mismo fue conocido principalmente como bateador, con limitaciones defensivas:
Estas respuestas estallaron en las redes, donde muchos desacreditaron su autoridad para cuestionar a Devers, argumentando que Ortiz vivió bajo su propio estatus sin ser “jugador completo”.
Voces disidentes: defensa desde dentro
No todos concordaron con Ortiz. Leyendas como Manny Ramírez y Pedro Martínez salieron en defensa de Devers, alegando que la cultura del equipo y la gerencia no supieron gestionar el proceso y priorizar la comunicación:
“Devers no es mal compañero… esto debió pararse antes. ¿Por qué tratar así al rostro del club?”, expresó Manny Ramírez.
La perspectiva de los altos mandos
Desde el ángulo ejecutivo, se reconoce que el movimiento respondió a una necesidad: Boston necesitaba manejar su masa salarial sin dilatar más la incomodidad generada internamente . Tras pagarle a Devers más de $243 millones hasta 2032, y con posiciones defensivas cuestionadas, la gerencia optó por un canje que brindó prospectos y flexibilidad financiera.
El fondo del dilema: ¿jugador o rostro institucional?
La polémica va más allá del bateo o la postura en escena. En el centro está la tensión entre el control corporativo, la fidelidad al rol defensivo y la madurez de las estrellas jóvenes. Ortiz defiende el respeto a la organización por encima de individualidades, incluso las más costosas, recordando que ningún jugador es indispensable. En contraste, otros defienden a Devers como figura que probablemente no se sintió respaldada y que reaccionó a un entorno que no manejó la transición con sensibilidad.
¿Quién tiene la razón?
La discusión no tiene ganadores claros. Ortiz resalta la importancia de la humildad, la adaptabilidad y la comunicación silenciosa, mientras que Devers y sus defensores apuntan a una gerencia rígida, descontente con experiencias personales previas y escasa empatía cultural.
La llegada de Devers a San Francisco promete darle una nueva plataforma para demostrar su valor, ahora bajo menos presión institucional. Pero su enfrentamiento con Boston, con Ortiz como voz principal criticándolo, terminará por definirse en el campo y por cómo sea percibido a nivel ético y profesional.
A sus 28 años, Rafael Devers vive el punto más alto de su carrera, consolidándose como uno de los mejores bateadores de las Grandes Ligas. Su poder ofensivo, consistencia y habilidad para producir carreras lo perfilan como una figura imprescindible, con grandes posibilidades de asistir por cuarta vez al Juego de Estrellas.
Su salida de Boston, similar a la de Mookie Betts, ha generado preocupación sobre el rumbo de la gerencia de los Red Sox. Mientras tanto, los Giants celebran la llegada de una nueva estrella, ilusionados con su impacto inmediato. En Fenway Park, sin embargo, queda la sensación amarga de haber dejado ir a otro jugador que tenía todo para convertirse en leyenda del equipo.

