El argumento más poderoso que tienen los dueños de MLB para impulsar un tope salarial es, básicamente, los Dodgers: una nómina que ya superó los 300 millones de dólares y que hace ver a la mitad de la liga como si jugara en otra categoría. Pero Jeff Passan abrió una pregunta que cambia todo el tablero: ¿qué pasa con ese argumento si se demuestra que Los Ángeles financió ilegalmente esa nómina? La respuesta, según Passan, es que el caso pro-cap de las Grandes Ligas se convierte en un problema legal propio, no en una solución competitiva.
El argumento pro-cap vivía o moría con los Dodgers
Desde que comenzó la conversación seria sobre un salary cap en MLB, el ejemplo central ha sido siempre el mismo: Los Ángeles. La franquicia llevaba años construyendo una nómina que el resto de la liga simplemente no puede igualar. En 2024, los Dodgers firmaron a Shohei Ohtani con el contrato más grande en la historia del deporte profesional norteamericano: 700 millones de dólares diferidos a lo largo de diez años. En 2025 cerraron a Roki Sasaki. La imagen era clara — y conveniente para quienes quieren convencer a los jugadores de que un tope es necesario para la salud competitiva de la liga.
El problema es que esa imagen dependía de que todo fuera legal. Y ahí es donde entra la advertencia de Passan.
Lo que Passan puso sobre la mesa
La lógica es simple pero con consecuencias enormes: si las oficinas de MLB usaron la nómina de los Dodgers como evidencia de desequilibrio competitivo para argumentar a favor del cap, y resulta que esa nómina se construyó con financiamiento irregular o directamente ilegal, entonces el argumento se contamina. No es solo que el ejemplo pierda fuerza moral — es que los Dodgers podrían pasar de ser el símbolo del problema a ser el símbolo de una irregularidad que la misma liga permitió o no detectó a tiempo.
Passan no afirmó que el financiamiento ilegal ocurrió: señaló que si se llega a esa conclusión, las implicaciones para el debate del cap son severas. Es una advertencia sobre el riesgo, no una acusación confirmada. Pero en el beisbol de oficina, las advertencias de Passan no se ignoran.
Por qué el momento importa: la negociación que se viene
El convenio colectivo vigente en MLB vence en 2026. La negociación entre la liga y el sindicato de jugadores (MLBPA) ya está calentando, y el salary cap es uno de los temas que la dirección quiere poner sobre la mesa. Los jugadores históricamente se han opuesto a cualquier tope duro — la última vez que el tema explotó fue en la huelga de 1994, que canceló la Serie Mundial.
En ese contexto, la credibilidad del argumento pro-cap es todo. Si los dueños no pueden presentar a los Dodgers como el caso de estudio sin que alguien cuestione si la nómina se construyó limpiamente, pierden su herramienta narrativa más fuerte. Y la MLBPA, que ya tiene buenas razones para rechazar el tope, tendría una razón más para hundirlo.
No hay cifras públicas sobre el monto o la naturaleza exacta del presunto financiamiento irregular — es lo que se está investigando o debatiendo según las fuentes citadas por Passan. Lo que sí está claro es que el resultado de esa investigación podría pesar tanto en las negociaciones del CBA como cualquier propuesta concreta sobre umbrales salariales.

