Jeff Passan, el insider de béisbol de ESPN, lo dijo sin rodeos esta semana: si la MLB tuviera que elegir hoy una ciudad para su próxima franquicia en el Oeste, la respuesta es Salt Lake City. No por entusiasmo, sino por estructura: la ciudad ya tiene propietario, ya tiene un acuerdo de financiamiento público-privado y ya tiene el terreno en obras. Mientras el resto de los candidatos sigue en conversaciones, Utah lleva tres pasos de ventaja.
Los tres pilares que ningún otro candidato tiene juntos
El análisis de Passan publicado el 8 de septiembre de 2026 en ESPN evalúa a los candidatos con tres preguntas simples: ¿hay dueño?, ¿hay dinero para el estadio?, ¿hay sitio? Salt Lake City responde sí a las tres. La Larry H. Miller Company — el mismo grupo familiar que alguna vez fue dueño del Utah Jazz y de los Salt Lake Bees de Triple-A — encabeza la coalición Big League Utah y ha comprometido $3.5 mil millones hacia el Power District, un desarrollo de 100 acres en el lado oeste de la ciudad que incluye el sitio propuesto para el estadio de MLB.
El respaldo legislativo ya tiene firma. En 2024, el gobernador Spencer Cox promulgó dos leyes estatales — HB562 y SB272 — que juntas aportan $900 millones cada una en fondos públicos a largo plazo para el proyecto. Nadie más en la lista de candidatos llega con ese nivel de compromiso político ya ejecutado.
Nashville, que durante años se manejó como el favorito del Este, llega a septiembre de 2026 sin propietario confirmado, sin financiamiento cerrado y sin sitio definido. Según el propio Passan, esa situación ha llevado a varios dueños actuales de la MLB a cuestionar si Nashville puede cumplir con los plazos que el comisionado Rob Manfred ha establecido.
Lo que dice el gobernador de Utah
Spencer Cox no es solo el jefe del ejecutivo estatal: también es miembro del consejo asesor de Big League Utah, y en la entrevista con ESPN fue directo sobre por qué Utah es un caso diferente al de un mercado de tamaño mediano cualquiera.
«No basta con tener un mercado. Necesitas personas dentro de ese mercado que realmente se preocupen por el producto. Y ahí es donde Utah supera a muchos otros lugares. Lo hemos demostrado una y otra vez con el Mammoth, con el Utah Jazz, donde los números — no solo los de medios, sino todos: el gasto, los palcos, los patrocinios — están más a la par de un mercado más grande. Creo que eso es lo que hace a Utah realmente único y fascinante. Por eso hemos recibido tanta atención. Sé que por eso la liga nos está mirando muy seriamente», dijo Cox en su entrevista con ESPN, publicada el 8 de septiembre de 2026.
El dato que respalda ese argumento: el área estadística combinada de Salt Lake City registró 2,705,693 habitantes en el censo de 2020, lo que la ubica como el mercado número 28 en EE.UU. No es Houston ni Chicago, pero su historial de gasto en deportes la hace competitiva más allá del tamaño.
El calendario: por qué nada es inminente y por qué eso no frena a Utah
Manfred ha dicho que quiere tener dos ciudades elegidas antes de su retiro planeado en enero de 2029. Los nuevos equipos, en el mejor escenario, no arrancarían antes de 2032 o 2033. La cuota de expansión se estima en torno a los $2.5 mil millones, según el reporte de Passan.
Hay un freno estructural que Utah no controla: la MLB no puede avanzar formalmente en el proceso de expansión hasta que se firme un nuevo Convenio Colectivo — el CBA actual venció en 2026 — y hasta que se resuelvan las situaciones de los Atléticos de Oakland (en proceso de mudarse a Las Vegas para 2028) y los Rays de Tampa Bay, cuyo futuro en Florida sigue sin resolverse. Si los Rays no encuentran estadio en Florida, Salt Lake City podría convertirse en destino de reubicación en lugar de franquicia de expansión, lo que aceleraría el calendario para Utah.
Por ahora, Big League Utah lleva construyendo su caso desde 2023. La HB562 establece que los fondos públicos asignados al vecindario Fairpark solo se activan si Utah recibe una franquicia de MLB antes de 2032. Es un incentivo con fecha de vencimiento, y eso le da urgencia real a la candidatura. El tablero ya está armado; lo que falta es que la liga decida cuándo sienta a jugar.

