David Stearns abrió la puerta —o al menos no la cerró. El presidente de operaciones de béisbol de los Mets de Nueva York se negó este 25 de julio a descartar un trade de Francisco Lindor antes del deadline del 3 de agosto, pero también evitó cualquier confirmación concreta. Los Mets marchan 43-60, últimos en el NL Este, y Lindor apenas ha jugado 46 partidos en 2026 por cirugía de hueso ganchoso y problemas de isquiotibiales. En el lenguaje del mercado de cambios, ‘no lo descarto ni lo confirmo’ no es una respuesta: es una posición negociadora.
Lo que Stearns dijo —y lo que no dijo
La declaración de Stearns ante los medios fue cuidadosamente vaga: ‘No voy a descartar ni confirmar a jugadores específicos en nada. No es sabio hacer eso. Tenemos un grupo de jugadores jóvenes y veteranos que vemos como nuestro núcleo.’ Clásico GM-speak: una respuesta que suena a información sin serlo.
Ningún ejecutivo de béisbol va a decirle a los equipos compradores qué jugadores están disponibles y cuáles no antes de sentarse a negociar. Stearns no cerró la puerta de Lindor porque mantenerla abierta —aunque sea un centímetro— le da leverage. Interpretar eso como una señal de que el shortstop se queda es leer demasiado entre líneas.
Por qué el valor de Lindor en este mercado está en su piso histórico
En 2025, Lindor jugó 160 partidos, pegó 31 home runs, remolcó 86 carreras y robó 31 bases con una línea de.267/.346/.466. Un shortstop All-Star de primer nivel. Pero 2026 es otra historia: cirugía de hueso ganchoso en la mano, problemas de isquiotibiales y 46 partidos jugados al corte de julio. Cualquier equipo que lo quiera tiene que apostar a que el Lindor de 2025 regresa, no el que lleva semanas en el banco.
El contrato tampoco simplifica nada. Lindor firmó en marzo de 2021 una extensión de 10 años y 341 millones de dólares —34.1 millones anuales— con los Mets, que corre hasta 2031. Quedan al menos 170 millones por pagar. No es un número inmovible —la historia del béisbol tiene ejemplos de contratos igual de grandes que cambiaron de manos— pero sí reduce el universo de equipos que pueden absorberlo sin comer salario.
El punto es este: si Lindor estuviera sano y en plena producción, Stearns probablemente no estaría recibiendo preguntas sobre su disponibilidad. El hecho de que la conversación exista dice más del estado del equipo que de la voluntad real del front office de moverlo.
Los Mets en modo crisis y la posición de Stearns
Stearns llegó como presidente de operaciones en octubre de 2023 con un mandato claro: convertir a los Mets en contendientes. Sus movimientos del offseason 2026 —dejar ir a Pete Alonso y Edwin Díaz, traer a Bo Bichette y Marcus Semien— no funcionaron. El equipo está en camino de perder 100 partidos en la temporada.
El dueño Steve Cohen ha respaldado públicamente a Stearns y ha dicho que cumplirá su contrato de cinco años. Eso le da al GM algo de oxígeno para tomar decisiones sin presión de salida inmediata, pero también lo pone en una posición incómoda: cualquier movimiento que haga antes del 3 de agosto será evaluado como el primer paso de un rebuild que nadie quería admitir que era necesario.
Lindor tiene cinco selecciones All-Star, dos Gold Gloves y cuatro Silver Sluggers en su carrera. Es el nombre más reconocible del roster y uno de los pocos shortstops latinos de élite activos en la liga. Moverlo no es solo una decisión de béisbol: es una declaración de intenciones sobre para qué está construyendo este equipo. Stearns lo sabe. Por eso no dijo nada —y por eso esa no-respuesta es la respuesta más honesta que dio.

