El 25 de septiembre de 2016, a las 3:15 de la madrugada, la embarcación que pilotaba José Fernández impactó a 65.7 mph contra el rompeolas norte de Government Cut, en Miami Beach. Tenía 24 años, un récord de 16-8 en lo que iba de temporada y una hija por nacer. Hoy se cumplen exactamente 10 años, y sus cifras siguen siendo de otro planeta: WAR de 14.2 en solo cuatro temporadas, ERA de 2.58 y un 1.49 en casa que ningún lanzador con al menos 40 aperturas ha podido igualar en más de un siglo de béisbol.
Cuatro temporadas que pesan más que carreras enteras
Fernández debutó el 7 de abril de 2013 con 20 años y 250 días. Ese mismo año ganó el Novato del Año de la Liga Nacional. Fue seleccionado All-Star en 2013 y en 2016. En total, acumuló 76 aperturas, récord de 38-17, 589 ponches y un WHIP de 1.054 — todo con los Marlins de Miami, el único equipo en el que lanzó.
El número que más duele al mirarlo hoy es el WAR de 14.2. Eso equivale, en términos simples, a casi 14.5 victorias más que un lanzador de reemplazo cualquiera, entregadas en apenas cuatro años. Hay relevistas que juegan 12 temporadas sin acercarse a eso.
Entre los 25 lanzadores nacidos en Cuba con al menos 25 aperturas en MLB, Fernández encabeza todas las categorías que importan: ERA (2.58), promedio de bateo en contra (.209), ratio de ponches por boleto (4.2:1) y ponches por 9 entradas (11.3). Es el mejor lanzador cubano en la historia de las Mayores, y la conversación no es cerrada.
El último box score: ocho entradas, doce ponches, ninguna carrera
Su última apertura fue el 20 de septiembre de 2016. Ocho entradas completas, tres hits, cero carreras, cero boletos, 12 ponches. Cinco días después estaba muerto.
La temporada 2016 la cerró con 253 ponches, el segundo mayor total en las Mayores al momento de su muerte, con un ERA de 2.86 y récord de 16-8. Ese número de ponches también es récord de los Marlins en una sola temporada. Los que lo vieron ese septiembre decían que estaba lanzando mejor que nunca.
Sigue siendo el líder histórico de la franquicia en porcentaje de victorias y mantiene los récords del club en menor promedio de hits por 9 entradas. A 10 años de su muerte, ningún lanzador ha vestido el uniforme de Miami y acercado siquiera a lo que él dejó en el montículo.
Una historia que no se puede contar solo a medias
Fernández nació en Santa Clara, Cuba. Intentó escapar de la isla tres veces antes de lograrlo a los 15 años, cuando saltó al agua para salvar a su madre, que había caído por la borda. Es parte de la mitología que rodeó su carrera y que la comunidad de Miami abrazó desde el primer día.
Lo que también es parte del registro oficial: la investigación de la Florida Fish and Wildlife Conservation Commission determinó que era él quien pilotaba la embarcación esa madrugada, con un nivel de alcohol en sangre de 0.147 — casi el doble del límite legal en Florida — y cocaína en el sistema. Junto a él murieron Emilio Jesús Macías, de 27 años, y Eduardo Rivero, de 25. Sus familias demandaron el patrimonio de Fernández por dos millones de dólares cada una. Ignorar esos nombres es contar la historia a medias.
Su novia, María Arias, estaba embarazada cuando él murió. Su hija Penélope nació cinco meses después y nunca conoció a su padre. Hoy tiene 10 años.
El equipo que pudo haber sido
En septiembre de 2016, los Marlins tenían a Fernández en el montículo, a Giancarlo Stanton bateando jonrones, y a Christian Yelich, Marcell Ozuna y J.T. Realmuto construyendo lo que parecía un núcleo competitivo real. La muerte de Fernández detonó un proceso de desmantelamiento que dispersó a casi todos esos nombres en los años siguientes.
La pregunta de qué hubiera pasado si Fernández hubiera vivido no tiene respuesta, y especular con Cy Youngs o el Salón de la Fama es terreno resbaladizo. Lo que sí está en el registro es que su ERA de 1.49 en Marlins Park es el más bajo de cualquier lanzador con al menos 40 aperturas en casa en más de un siglo de béisbol, con la única excepción de Sandy Koufax en Dodger Stadium (1.37). Eso no es especulación. Es lo que quedó.

