El 20 de septiembre de 2016, José Delfín Fernández caminó al montículo del Marlins Park frente a 17,961 aficionados, lanzó 111 pitcheos contra los Washington Nationals y se fue al clubhouse con una victoria 1-0 en el bolsillo. Ocho entradas completas, tres hits, cero bases por bolas, 12 ponches. No lo supo ese día, ni nadie más lo supo: era su última apertura en Grandes Ligas. Hoy se cumplen exactamente diez años de esa noche, y la comunidad beisbolera hispanohablante no la ha olvidado.
La noche que no tuvo despedida
Fernández retiró a 21 bateadores consecutivos en algún tramo de ese juego. Ni una sola base por bolas en ocho entradas contra una alineación de los Nationals que ese año terminó con el mejor récord de la Liga Nacional. Era un pitcher en modo playoff, aunque técnicamente solo era el juego 155 de la temporada regular.
El sentimiento que captura el tuit de @Drianrogelio —»Cuánto te extrañamos, Delfín»— resume lo que resurge cada 20 de septiembre en cuentas de béisbol en toda América Latina: no el duelo de un día, sino el de una carrera entera que quedó a medias. Fernández tenía 24 años esa noche. Cerró la temporada 2016 con récord de 16-8 y efectividad de 2.86, con 253 ponches, segundo mayor total en las Mayores al momento de su muerte cinco días después.
El 25 de septiembre de 2016 murió en un accidente náutico frente a las costas de Miami Beach. Tenía 24 años. El béisbol entero se detuvo.
Lo que dejó en cuatro temporadas
Fernández debutó en MLB el 7 de abril de 2013 y en su primera temporada ya ganó el Novato del Año de la Liga Nacional. Tras perderse casi toda la temporada 2014 por cirugía de Tommy John —la que muchos pitchers no superan con el mismo nivel—, regresó con más fuerza y fue convocado al Juego de Estrellas de 2013 y de 2016.
En cuatro temporadas completas —todas con los Miami Marlins— acumuló 589 ponches, récord de 38-17 y ERA de 2.58. Para ponerlo en perspectiva: un ERA de 2.58 en ese período lo habría puesto entre los tres mejores de la Liga Nacional en cualquiera de esas temporadas. No era una promesa que iba a ser grande; ya era grande.
La historia de cómo llegó al béisbol organizado también forma parte del legado. Intentó desertar de Cuba cuatro veces antes de lograrlo en 2007. En uno de esos intentos cayó al mar y rescató a su propia madre. El béisbol fue el final de un camino que la mayoría no habría completado.
Diez años después, la herida que los Marlins no han cerrado
El número 16 de Fernández no ha sido retirado formalmente por la organización de los Marlins. Tras su muerte, el entonces dueño Jeffrey Loria anunció el retiro inmediato, pero la organización revirtió esa decisión. En cambio, se instaló una placa en su honor en la plaza del Marlins Park. Para muchos fanáticos, es una herida abierta que cada aniversario vuelve a picar.
Lo que sí existe, y que ninguna placa puede reemplazar, es el registro de esa última noche: 8.0 IP, 3 H, 0 R, 0 ER, 0 BB, 12 K. Una línea de box score que se lee como epitafio. El Delfín lanzó su mejor juego posible y se fue a casa. El béisbol no volvió a verlo lanzar.

