La llegada de Juan Soto a su nuevo equipo generó una ola de expectativas. Su calidad con el bate nunca estuvo en discusión: disciplina en el plato, poder y capacidad para producir carreras. Sin embargo, el béisbol es un deporte integral, y lo que ocurre a la defensiva puede ser tan determinante como un cuadrangular en la novena entrada.
En 2025, Soto está experimentando una de sus peores campañas defensivas en Grandes Ligas, y los números lo confirman.
Este año, el dominicano acumula un preocupante -10 en Outs Above Average (OAA), estadística que mide las jugadas realizadas por encima o por debajo del promedio. A eso se suma un -10 en Fielding Runs Value, indicador que traduce en carreras la contribución (o resta) defensiva de un jugador. Ambos registros lo ubican entre los peores jardineros derechos de toda la MLB, un contraste abismal con aquel Soto que llegó a ser varias veces finalista al Guante de Oro.
La caída en su rendimiento no solo se refleja en la métrica defensiva, sino también en su físico. Según datos de FanGraphs, la velocidad de Soto ha bajado hasta el percentil 15, lo que significa que está entre el 15% de los jugadores más lentos en la liga. Esto confirma lo que los aficionados y analistas perciben en el terreno: reacciones tardías, malos saltos y una capacidad limitada para cubrir terreno en el outfield.
El béisbol moderno no perdona debilidades, y los rivales han sabido explotar la falta de alcance de Soto. Pelotas que antes parecían atrapables hoy caen con facilidad en el jardín derecho, generando preocupación tanto en la gerencia como en la fanaticada.
Aunque con el madero sigue siendo una amenaza, su defensa está generando dudas sobre si en el futuro su rol debería trasladarse eventualmente al bateador designado. Lo cierto es que, a día de hoy, la defensa de Juan Soto es una deuda pendiente y uno de los grandes puntos negativos de su temporada 2025.

