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Postemporada 2025: ¡Los Yankees siguen con vida!

El viaje alucinante de Chisholm Jr. obliga a un Juego 3 definitivo en el Bronx.

Yirsandy Rodríguez by Yirsandy Rodríguez
octubre 1, 2025
in Grandes Ligas, Red Sox, Yankees
0
Postemporada 2025: ¡Los Yankees siguen con vida!
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El silencio es lo más ruidoso. Esa fue la lección que Jazz Chisholm Jr. aprendió en la víspera. Mientras sus compañeros se desangraban en el campo en el Juego 1, él estuvo condenado al banquillo, un Ferrari en un garaje, observando cómo la temporada se les escapaba entre los dedos.

La frustración, un nudo caliente en la garganta, no se disipó con discursos motivacionales. Se fue con él a casa. Y allí, en la soledad de su apartamento, encontró su válvula de escape: MLB: The Show. “Jugué y le apliqué la regla de la misericordia a alguien. Es cierto”, confesaría después con una sonrisa pícara. El marcador virtual: 12-1. Una catharsis digital para un atleta cuya pasión a veces lo consume por completo.

Veinticuatro horas después, ese mismo hombre, vestido con un traje completo de Luffy —el pirata de One Piece cuya “Segunda Velocidad” lo hace imparable—, se convertiría en el latido cardiaco de un Yankee Stadium que olía a pólvora y desesperación. El Juego 2 no era solo otro partido de playoffs; era un examen de carácter. Y los Yankees, con el abismo respirándoles en la nuca, aprobaron con una nota escrita en barro, sudor y pura testarudez.

No fue una obra de arte. Fue una pelea callejera.

Carlos Rodón, el abridor, encarnó esta lucha. No tuvo la elección de un artista, sino la tosquedad de un obrero. Durante seis entradas, se aferró al precipicio con las uñas. Permitió un jonrón a Trevor Story que silenció al estadio en la sexta, anulando la ventaja que, innings antes, un niño de Nueva Inglaterra llamado Ben Rice había dado con un batazo de dos carreras que anunciaba su llegada a la leyenda octubrina. Rodón forcejeó, sudó, se enfadó, pero no se rompió. “Nos dio lo suficiente”, admitiría después su mánager, Aaron Boone. En octubre, ‘suficiente’ es un lujo.

Mientras tanto, en el dugout contrario, Alex Cora, el estratega de los Medias Rojas, jugaba al ajedrez con piezas de carne y hueso. Sacó a su abridor, Brayan Bello, tan pronto como el partido mostró sus colmillos. Era un movimiento frío, calculado. Con su bullpen descansado, Cora tejió una red de zurdos y derechos, intentando ahogar cualquier chispa de vida yanqui. La partida estaba en su punto más tenso, y un solo error táctico podía ser fatal.

 

Esa fatalidad estuvo a un paso de vestir de rojo en la séptima entrada. Con el marcador empatado 3-3, los Medias Rojas cargaron las bases. Fernando Cruz, el relevista de los Yankees, se encontró en el ojo del huracán, frente a Trevor Story, el hombre que ya le había hecho daño. La atmósfera era espesa, irrespirable. Y entonces, ocurrió. Masataka Yoshida, el héroe del Juego 1, conectó un rodado violento hacia la segunda base. Una grieta.

Pero Jazz Chisholm ya estaba allí.

Do not let this play go unnoticed

Jazz Chisholm deserves all the credit in the world for this game still being tied pic.twitter.com/In2K09qQ4B

— AT (@YankeeWRLD) October 2, 2025

No fue una jugada bonita. Fue instinto puro. Se lanzó en picado, como un halcón, extendiendo el guante para interponerlo entre la pelota y el jardín. La atrapó, contuvo la hemorragia y mantuvo el empate. La jugada no figurará en un montaje de highlights elegantes, pero salvó la temporada. “Si la pelota supera a Chisholm… los Yankees habrían estado al borde de la eliminación”, sería la conclusión obvia. No lo superó.

 

Al inning siguiente, con el partido aún empatado, fue el turno de Chisholm con el bate. Se plantó frente a Garrett Whitlock, cuyo brazo ya mostraba el cansancio de una larga labor. Siete lanzamientos. Una guerra de desgaste. Al séptimo, Whitlock cedió una base por bolas. Chisholm, con la ferocidad de Luffy en “Gear Second”, se dejó caer sobre primera base. Era el corredor de vida o muerte, la encarnación de la segunda oportunidad que Nueva York tanto anhelaba.

Y entonces, Austin Wells, el receptor, se enredó en otro duelo épico con Whitlock. Con la cuenta llena, el séptimo lanzamiento de la entrada, un changeup, se desvaneció en la zona. Wells extendió los brazos y conectó una línea cerrada hacia la raya de foul del jardín derecho. La pelota picó en el césped, justo, milagrosamente, en territorio bueno.

Chisholm, que había arrancado con el lanzamiento, ya era un borrón. Su casco, incapaz de seguir el ritmo de su determinación, salió volando cerca de la tercera base. Todo fue un “borrón”, admitiría. Pero su mente era un faro: “Cualquier jardinero que se mueva a su izquierda o derecha, tengo que anotar”. Nate Eaton, el outfielder de Boston, recogió y lanzó a home. El tiro fue fuerte, preciso, pero llegó un latido demasiado tarde. Chisholm se tiró de cabeza, una barrida de polvo y gloria, y su mano tocó el plato antes de que la pelota llegara a las manos del receptor.

Jazz Chisholm Jr. JUST beat the tag #Postseason pic.twitter.com/YYGn1mUw8m

— MLB (@MLB) October 2, 2025

El estadio, que había contenido la respiración, estalló en un cataclismo de alivio y euforia. Cruz, el relevista emocional, lo celebró como “un cachorro de Simba rugiendo”, según su compañero. Fue el rugido de un equipo que se negaba a morir.

Después del partido, en la conferencia de prensa, el ambiente era diferente. La tensión del día anterior se había disuelto. Chisholm, con su traje de anime y su sonrisa despreocupada, bromeó sobre ser más rápido que Luffy. Boone, el mánager que lo había dejado en el banquillo, afirmó con calma: “Jazz y yo estamos bien. Le gusta el escenario”.

"I told the first baseman, 'Any ball hit to his left or right, I was gonna score.'" 😤

– Jazz Chisholm on what went through his mind before Austin Wells' go-ahead hit pic.twitter.com/IFoBNSKIEB

— YES Network (@YESNetwork) October 2, 2025

Y Alex Cora, en la soledad de la derrota, lo resumió con la crudeza de un hombre que lo había visto todo: “La parada de Chisholm salvó dos carreras”. A veces, el béisbol no se trata de los grandes jonrones, sino de no permitir que el otro anote. Se trata de un rodado contenido, de una carrera alucinante, de un león cachorro que elige el momento exacto para rugir.

The Jungle was roaring. #RepBX | @yankeestadium pic.twitter.com/CZzypOJQev

— New York Yankees (@Yankees) October 2, 2025

Ahora, todo se decide en un Juego 3. Dos novatos en el montículo, Yankees contra Medias Rojas, toda una temporada en la cuerda floja. El silencio, una vez más, aguarda para ser destrozado.

Tags: Béisbol de OctubreClásico de RivalidadesJazz ChisholmJuego 3 DefinitivoMedias RojasPostemporada mlbWild CardYankees
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