El 2 de agosto en Progressive Field, Gavin Williams llevaba 15 bateadores consecutivos retirados — 9 vía ponche — cuando Tim Tawa se cuadró para tocar la bola en la sexta entrada. El toque fue foul. El siguiente pitch fue sencillo al jardín derecho. Se acabó el juego perfecto, se vaciaron los bancos bajo la lluvia y el debate sobre las reglas no escritas volvió a estar en el centro del béisbol. Dos semanas después, el breakdown de Jomboy Media lo trajo de regreso.
Un toque de bola, un sencillo y los bancos en la lluvia
Williams no solo iba perfecto: llevaba un ritmo absurdo. 67 pitches en cinco entradas completas, nueve de los quince outs caídos en strikes. Era el tipo de tarde que los pitchers recuerdan toda la vida.
Tawa, utility de 27 años con apenas un año en las Grandes Ligas, salió al plato en un 0-for-21. Los Diamondbacks perdían 5-0. Con ese panorama, se cuadró en un conteo de 0-1 para intentar el toque.
El receptor Patrick Bailey se quitó la máscara de inmediato y le dijo algo. El shortstop Brayan Rocchio levantó los brazos. El toque fue foul. En el siguiente pitch, Tawa conectó un línea al jardín derecho. Juego perfecto terminado, juego sin hits terminado.
Minutos después llegó la lluvia y con ella la tanda de carros: el coach de tercera base Rouglas Odor fue directo a confrontar a Tawa mientras el personal de campo sacaba la lona. Los jugadores de ambos equipos, coaches y hasta parte de la jardinería quedaron enredados en un zafarrancho bajo el aguacero. No hubo golpes — CBS Sports lo dejó claro: fue empujones y mucho grito, no más.
¿Tawa estaba equivocado? Su manager dice que no
Torey Lovullo no se anduvo con rodeos después del juego. «Timmy asked if he could bunt. We all checked off on it, said absolutely. And they clearly took exception to that», dijo el manager de los Diamondbacks en la conferencia de prensa posterior a la victoria de Cleveland (ESPN, 2 de agosto de 2026).
La postura de Lovullo es concreta: hasta la sexta entrada, un bateador puede hacer prácticamente cualquier cosa para llegar a base. La regla no escrita de no tocar para romper un juego sin hits, en su lectura, no aplica tan temprano en el partido.
El manager de los Guardians, Stephen Vogt, fue más medido en público. Dijo que el toque no era el meollo de su frustración — aunque sus jugadores en el campo claramente no compartían esa calma. Lo que Jomboy reconstruyó frame a frame en su video muestra a Vogt al centro del zafarrancho, visiblemente alterado. La interpretación de sus palabras exactas en ese momento es lectura de labios del breakdown, no un transcript verificado.
El contexto pesa: Tawa iba en un slump de 21 turnos sin hit. Su equipo perdía por cinco carreras en la sexta. Tocar la bola no fue un gesto de irrespeto — fue un jugador desesperado buscando llegar a primera de cualquier manera.
Los Guardians y los juegos perfectos rotos: ya van dos veces
Lo que hace este episodio más interesante es el precedente. En septiembre de 2024, el jardinero de los Reds TJ Friedl tocó la bola en la séptima entrada para romper un juego perfecto de los Guardians. Misma franquicia, mismo tipo de jugada, mismo escándalo.
Williams, por su parte, terminó la tarde con 10 ponches y 1 base por bolas en 5⅔ entradas. Sus números en 2026 al momento del juego: ERA de 3.56, récord de 11-6 y 178 ponches en 139 entradas. Además, esa fue su quinta apertura consecutiva con 10 o más ponches y una o cero bases por bolas — un tramo que solo han logrado Clayton Kershaw en 2016 y Chris Sale en toda la historia de MLB.
El debate sobre las reglas no escritas no tiene árbitro oficial. Lo que sí tiene es un video de Jomboy, millones de vistas y a dos equipos que seguirán encontrándose en el calendario. La próxima vez que Williams lleve un juego perfecto a la quinta entrada, alguien en el dugout contrario va a tener que tomar una decisión.

