El 20 de septiembre de 2024, Rafael Devers jugó 12 entradas en la tercera base para los Medias Rojas en una derrota 4-2 contra los Mellizos de Minnesota. Nadie lo sabía entonces, pero sería su último día como jugador de posición titular en Boston.
Trescientos cinco días después, el martes 22 de julio de 2025 en Atlanta, Devers se paró en primera base para los Gigantes de San Francisco, vistiendo por primera vez un uniforme que no fuera el de Boston. Entre esas dos fechas, hubo un cambio de equipo, una resistencia pública a cambiar de posición, lesiones, malos entendidos y, sobre todo, una pregunta persistente:
¿Dónde estaba el verdadero Rafael Devers?
El que bateó .311 en 2019. El que conectó 38 jonrones en 2021. El que lideró la ofensiva de Boston año tras año, incluyendo este 2025 con 58 remolcadas en sus 73 juegos antes de ser cambiado a los Gigantes.
Porque el Devers que llegó a San Francisco no era ese. En sus primeros 30 juegos con los Gigantes, su línea ofensiva era de .227/.336/.345, con solo dos jonrones y 40 ponches en 131 turnos. Hasta que, en una tarde calurosa en Atlanta, algo hizo click.
Dos jonrones. Cuatro carreras impulsadas. Un misil de 410 pies que recordó a los viejos tiempos.
¿Fue solo un destello, o el comienzo de algo más grande? Muchos nos hacemos esa pregunta. Y aunque aún queda por ver la segunda mitad de la temporada, Devers nos ha acostumbrado a encabezar grandes historias. Él puede hacer. Otra vez.
¿Por qué el juego de dos jonrones de Devers en Atlanta puede ser un punto de inflexión?
Hay momentos en la carrera de un gran bateador en los que todo—la frustración, las dudas, los ajustes—se reduce a un solo día en el que el swing recupera su magia. Para Rafael Devers, ese día fue este miércoles 23 de julio en Atlanta.
No fue solo que conectó dos jonrones. No fue solo que impulsó cuatro carreras. Fue cómo lo hizo.
En su primer turno, frente a Spencer Strider—uno de los lanzadores más dominantes de la última década—Devers destrozó una slider (que iba directo al suelo) de 85 mph y la devolvió a 114.2 mph, el tipo de contacto que hace que los fanáticos se queden sin aliento. Fue un sencillo, pero fue una declaración: “Todavía estoy aquí”.
Luego, en el quinto inning, con la cuenta 3-2, ajustó su swing a un lanzamiento que muchos bateadores hubieran fallado, y lo mandó 357 pies al jardín derecho. Un jonrón que, en siete parques, habría sido un out. Pero en Atlanta, en esa tarde matizada por la ofensiva de los Gigantes, fue el primer recordatorio de lo que Devers puede hacer cuando su swing se calienta.
Y después, como si quisiera borrar cualquier duda, llegó el sexto inning. Dylan Dodd le lanzó un cutter que Devers no solo golpeó, sino que aplastó: 410 pies (se elevó a 97 pies), 5.5 segundos en el aire. Un disparo que no necesitó replay, ni mediciones, ni análisis. Era, simplemente, un clásico jonrón de Devers, el tipo que solía conectar en Fenway cuando Boston dependía de él.
Pero esto no fue Fenway. Esto fue Truist Park, y esto fue San Francisco, no Boston. Y eso es lo que hace que este juego sea tan significativo.
He aquí varias notas de impacto podrían darnos una señal:
- Rompió una sequía: Antes de este juego, Devers tenía solo 2 HR en 131 turnos como Gigante. Conectó 2 en 3 turnos iniciando esta tarde.
- Los fanáticos de Atlanta no quieren verlo: Ahora tiene 10 HR contra los Bravos, el noveno equipo al que más ha castigado. Strider se convirtió en el lanzador #31 contra el que ha conectado al menos dos jonrones.
- Fuera de Oracle Park: Sus dos jonrones previos con San Francisco habían sido en casa. Este fue un recordatorio de que su poder no depende del parque.
Lo más alentador, sin embargo, no fueron las estadísticas. Fue la actitud. Después de meses de parecer incómodo, de ajustarse a un nuevo equipo, una nueva ciudad y una nueva posición, Devers jugó con la confianza de un hombre que finalmente se siente como en casa.
¿Es esto el inicio de algo grande?
Nadie lo sabe. Pero por primera vez en mucho tiempo, Rafael Devers hizo que pareciera posible.
Durante nueve años en Boston, Rafael Devers construyó su reputación como uno de los bateadores más temidos del béisbol, particularmente contra lanzamientos rápidos. Aquel Devers bateaba .290 contra fastballs en 2023, .266 en 2024. Pero el Devers que llegó a San Francisco en 2025 es una versión atenuada: apenas .244 contra rectas con una alarmante tasa de swings fallidos del 30.7%. Los datos revelan un bateador más pasivo (su swing fuera de zona cayó a 24.8%, mínimo histórico) y, aunque mantiene su velocidad de salida (94 mph), ya no domina el juego con la misma autoridad.
Los indicadores sugieren que este podría ser un punto de inflexión: su hard-hit rate (55.9%) es el mejor desde 2021, su barrel % (15.2%) marca récord personal y su paciencia en el plato (15.9% de bases por bolas) nunca había sido mejor—es cuarto de la Liga Americana en bases por bolas (56). Pero las sombras persisten: su .200 contra lanzamientos offspeed (frente a .305 en 2024) y su tasa de ponches (24.9%, la peor desde 2020) revelan a un bateador que aún lucha por encontrar consistencia.
Sin embargo, como todo gran bateador, el swing y los batazos de Devers en Truist Park nos recordaron que aún es parte de un respetable club. Y eso tiene un peso histórico:
Bateadores zurdos que han registrado más juegos con multi jonrones y al menos 4 RBI desde 2021:
- Kyle Schwarber, 10
- Rafael Devers, 9
- Matt Olson, 8
- Juan Soto, 8
- Max Muncy, 8
- Rowdy Tellez, 6
- Shohei Ohtani, 6
- Kyle Tucker, 5
- Yordan Álvarez, 5
- Josh Naylor, 4
Con el juego de este miércoles, Devers se separó de Olson, Soto y Muncy, otros tres grandes bateadores zurdos que encabezan el ranking.
En el béisbol, como en la vida, los renacimientos rara vez son lineales. Esta tarde en Atlanta pudo ser el primer destello de un Devers reinventado, o simplemente otro momento brillante en una temporada de claroscuros. Lo cierto es que, cuando su swing conecta con esa violencia controlada, es difícil no hacernos dos preguntas: ¿Estaremos viendo el resurgir de una estrella? ¿O Raffy necesitará más que ajustes de su swing para volver a impactar como el talento que una vez iluminó el juego?
Los Gigantes apostaron por el primero. El tiempo dirá si acertaron.

