Anthony Rizzo dijo lo que varios Yankees probablemente pensaban, pero no iban a decir en voz alta: que la expulsión de Jazz Chisholm Jr. en el séptimo inning del 26 de junio en Fenway Park mostró ‘un poco de inmadurez’. Chisholm protestó una llamada de strike, golpeó su casco contra el suelo y se fue al dugout — dejando a los Yankees sin su tercera base en un momento en que el equipo lidera la AL East por apenas 3.0 juegos sobre Tampa Bay y carga con una ofensiva que ha lucido irregular. Es la tercera expulsión de Chisholm en dos temporadas y el reclamo de Rizzo, hecho desde la cabina de NBC, reabre una pregunta que el club preferiría no responder.
Lo que dijo Rizzo y por qué importa el contexto
El reclamo de Rizzo no fue solo un comentario de color: fue un excompañero de equipo hablando desde la transmisión con nombres y consecuencias concretas. ‘El equipo está luchando, lo necesitan en la alineación, y ahora pone a Volpe en una posición difícil entrando completamente frío’, dijo. El señalamiento tiene peso porque Chisholm llegó a 2026 como pieza central de la renovación ofensiva de los Yankees, y porque Anthony Volpe, el shortstop que cubriría su posición, viene de una temporada 2025 donde bateó.212 con.272 de OBP y acumuló 19 errores en campo — una de las líneas ofensivas más débiles entre bateadores calificados de toda la liga.
No es que Rizzo esté inventando un problema. Esta fue la tercera expulsión de Chisholm en dos temporadas: el 17 de abril contra Tampa Bay (suspensión de un juego y multa por criticar al árbitro en redes sociales, violando la política de MLB), el 24 de junio contra Cincinnati — donde el propio Chisholm dijo que lo expulsaron por simplemente preguntarle al árbitro ‘¿por qué me estás mirando?’ —, y ahora Fenway Park. El patrón existe. La pregunta es si el patrón define al jugador.
Chisholm bajo el microscopio: qué dicen los números de verdad
Los promedios de Chisholm en 2026 no son para enmarcar:.225 de AVG y.713 de OPS en 317 apariciones al plato. Pero hay una diferencia entre lo que el marcador dice y lo que los datos de contacto de Statcast muestran sobre su temporada. Su velocidad de salida promedio es de 90.3 mph — percentil 70 en la liga — y su barrel rate de 8.9% lo ubica en el percentil 56. El xwOBA de.298, que mide la calidad de contacto esperada independientemente de la suerte, sugiere que está produciendo ligeramente por debajo de lo que sus batazos merecerían. No es una ofensiva de All-Star, pero tampoco es la del jugador que se rompe sin razón.
Lo que sí es llamativo en sus percentiles: su whiff rate lo ubica en el percentil 12, lo que significa que conecta el bate con el balón mejor que el 88% de la liga. Y con un sprint speed en el percentil 81, es uno de los corredores más rápidos en activo. El problema no es el talento en bruto — el problema es que tres veces en dos años ese talento se ha quedado en el dugout antes de tiempo.
¿Inmadurez o contexto? La respuesta incómoda
Rizzo tiene razón en el timing: los Yankees necesitan a Chisholm en la alineación, especialmente con lesiones acumuladas en el roster y una ventaja divisional que no es holgada. Pero la narrativa de ‘inmadurez’ pierde matiz rápido cuando se revisa lo que pasó en Cincinnati dos días antes — una expulsión que el propio Chisholm describió como arbitraria — o cuando se pone en perspectiva que Volpe, el supuesto reemplazo ‘frío’, llegó a 2026 recuperándose de una cirugía de hombro con un labrum parcialmente desgarrado.
El club sabe que Chisholm vale demasiado para dejarlo solo en el banco, y Chisholm sabe que sus expulsiones le cuestan a un equipo que tiene aspiraciones reales en octubre. Esa tensión no la resuelve un regaño en transmisión de televisión. Lo que sí hace el reclamo de Rizzo es ponerla en pantalla para que todos la vean.

