Jorge Posada bateó.273, pegó 275 jonrones y ganó cuatro Series Mundiales con los Yankees — y aun así lleva años sintiéndose persona non grata en la organización. El 27 de octubre de 2026, en el podcast The Show del New York Post, Posada confesó que prácticamente ha dejado de aparecer por el estadio porque no se siente bienvenido. La declaración llegó justo cuando los Yankees intentan explicar por qué fueron barridos en la ALDS 2026 y por qué su propio dueño los llamó ‘inaceptables’.
Lo que dijo Posada — y lo que no dijo
La pregunta era directa: ¿podrías ayudar a corregir los comportamientos ‘inaceptables’ de este roster con tu actitud y tu conocimiento del juego? Posada respondió que sí creía poder aportar. Pero la segunda parte de su respuesta es la que viajó por todo el internet beisbolero.
«I could, but I don’t think they want me there. I don’t feel welcome when I go there. Even in Spring Training… So I don’t go.» Lo dijo en The Show, el podcast de Joel Sherman y Jon Heyman para el New York Post, el 27 de octubre de 2026. En el mismo episodio aclaró que no tiene problema con Joe Girardi y que prefiere no saber exactamente qué pasó: ‘I don’t know what happened. I’d rather just move forward.’ Eso importa: Posada no señaló a nadie por nombre, y esta nota tampoco lo va a hacer.
Lo que sí es verificable: en toda la temporada 2026, Posada pisó el Yankee Stadium exactamente dos veces. Una para el Old Timers’ Day de agosto. Otra para el partido de la Serie del Metro en conmemoración del 25.° aniversario del 11 de septiembre. Dos visitas en seis meses para alguien cuyo número 20 cuelga retirado en Monument Park desde 2015.
Por qué duele más ahora que hace cinco años
El timing no es accidental. Los Yankees terminaron la postemporada 2026 barridos por los Rays de Tampa Bay el 7 de octubre, con aficionados lanzando latas de cerveza y basura al campo durante la eliminación en el Bronx. Hal Steinbrenner salió a los medios, defendió a Aaron Boone y a Brian Cashman, y puso toda la carga en los jugadores de posición: el final de temporada fue, en sus palabras, ‘inaceptable’.
Es en ese contexto donde la ausencia de Posada pega diferente. Aquí hay un receptor con el tercer mejor OPS de la historia entre catchers de la Liga Americana — el único que atrapó más juegos de postemporada que cualquier otro receptor en la historia de las Grandes Ligas — y la organización no lo tiene en el radar ni para hablar con Austin Wells, el receptor actual que lleva apenas tres temporadas en el nivel. Varios analistas, entre ellos Adam Schein, ya levantaron la mano para preguntar lo obvio: ¿por qué no usarían a Posada como recurso?
La raíz del distanciamiento apunta al turbulento final de 2011. Posada fue movido de receptor titular a bateador designado a tiempo parcial, tuvo roces públicos con la gerencia por el tiempo de juego y pidió salir de la alineación cuando lo pusieron a batear noveno. Al terminar esa temporada recibió interés de otros equipos, pero no de los Yankees. Se retiró en enero de 2012. Diecisiete años de carrera — 1,065 carreras impulsadas,.374 de OBP, cinco selecciones al Juego de Estrellas — y la despedida fue, en el mejor de los casos, fría.
El número en bronce no sana todo
Los Yankees retiraron el número 20 de Posada en 2015, un honor que comparte con Ruth, Gehrig, DiMaggio, Mantle, Jeter y Rivera, entre otros. Eso no se borra. Pero un número en Monument Park y una relación institucional fluida son dos cosas distintas, y Posada dejó claro que solo tiene la primera.
En los números puros, Posada es el quinto receptor en la historia del béisbol de las Grandes Ligas en alcanzar al menos 1,500 hits, 350 dobles, 275 jonrones y 1,000 RBI en carrera. No hay muchos receptores con ese expediente. Tampoco hay muchos con esa historia de salida.
Los Yankees arrancan 2027 con una lista de preguntas sin respuesta: cómo reconstruir la cultura del clubhouse, qué hacer con el liderazgo dentro del campo, si Boone sigue o no. Mientras tanto, uno de los hombres que mejor conoce lo que significa ganar con esa camiseta dice que no va a Spring Training porque no se siente bienvenido. Eso es, para usar la palabra que tanto le gustó a Steinbrenner, inaceptable.
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