José Urquidy salió al montículo con los White Sox de Chicago y les dio exactamente lo que necesitaban: seis entradas, apenas dos hits permitidos y ocho ponches para liderar la victoria. El mazatleco fue dominante de principio a fin, sin permitir que los rivales pusieran en aprietos a la defensa. Para un equipo en reconstrucción, una apertura de calidad así vale doble.
Seis entradas, dos hits, ocho ponches: los números que cuentan la historia
La línea de Urquidy este martes es de las que se quedan en la memoria de una temporada. 6 innings, 2 hits, 8 strikeouts: eso es controlar el juego desde el primer lanzamiento hasta el último. Los ocho ponches son especialmente reveladores — significan que no dependió de su defensa para sacar outs, sino que se las arregló él solo para dominar a los bateadores rivales.
Para cualquier abridor, ese tipo de línea es un juego de élite. Para Urquidy, que ha tenido que recuperar ritmo y confianza después de temporadas complicadas, es una declaración: el mazatleco sigue siendo pitcher de Grandes Ligas con todo lo que eso implica.
Urquidy y los White Sox: un equipo que necesita este tipo de noches
Chicago está en reconstrucción. Eso no es secreto para nadie que siga a los White Sox en 2026. En ese contexto, lo que hace Urquidy esta noche es más valioso todavía: le da al equipo una apertura de calidad, mantiene el marcador vivo y les permite competir. Las victorias no se regalan en MLB, y empezarlas con seis entradas de dos hits es el mejor punto de partida posible.
El abridor mexicano llega a Chicago después de su paso por los Astros de Houston, donde fue pieza importante en sus años de contención. Ahora, con un rol nuevo y un equipo diferente, sigue demostrando que su brazo tiene baseball por delante. Una noche como esta le dice mucho al cuerpo técnico sobre en qué pueden contar para el resto de la temporada.
Los fans mexicanos de béisbol tienen motivos para celebrar. Urquidy no solo ganó un juego: firmó la clase de apertura que justifica por qué los White Sox apostaron por él. Y eso, al final, es lo que importa.

