El 2 de junio de 2010, Armando Galarraga retiró a los primeros 26 bateadores de los Indios de Cleveland en orden. Faltaba un out para el juego perfecto número 21 en la historia de MLB. El roletazo de Jason Donald llegó a Miguel Cabrera, la asistencia a primera fue perfecta, Galarraga pisó la almohadilla antes que el corredor — y el árbitro Jim Joyce cantó quieto. Todo el mundo lo vio en la repetición. Menos Joyce.
Lo que pasó en esa primera base
Galarraga lanzó 88 pitches esa noche — 67 strikes, 21 bolas — y ponchó a tres bateadores. Con dos outs en el noveno, Jason Donald bateó un roletazo suave hacia la derecha del diamante. Cabrera lo fildió, lanzó a primera y Galarraga cubrió la base. El corredor llegó tarde. Cualquier fan que vio la repetición lo supo en dos segundos.
Joyce, con 23 años de experiencia en las mayores, cantó quieto. En ese momento, el juego perfecto murió. El marcador final fue 3-0 Detroit, blanqueada de un hit: una estadística que no existe en ningún box score normal porque el segundo hit —el de Donald— fue declarado oficialmente aunque todos sabían que no era hit.
El propio Donald lo admitió años después: ‘I knew the whole time I was out’ (sabía todo el tiempo que estaba out), según una nota de MLB.com. Es uno de los pocos casos en la historia donde el protagonista del error arbitral confirmó públicamente que el árbitro se equivocó.
Las lágrimas de Joyce y el apretón de manos que dio la vuelta al mundo
Lo que convirtió esta historia en leyenda no fue el error — fue lo que pasó después. Joyce revisó la repetición en el vestidor, supo de inmediato que se había equivocado y fue a buscar a Galarraga. Se disculpó en persona, con los ojos llenos de lágrimas. Galarraga lo abrazó.
Al día siguiente, el venezolano fue el encargado de entregar la alineación de los Tigres al plato antes del juego. El hombre que entregó esa hoja fue Joyce. Los dos se dieron la mano frente a todos y el estadio completo los aplaudió. El comisionado Bud Selig decidió no revertir la jugada — dijo que el ‘elemento humano’ es parte del béisbol — y el juego perfecto nunca fue oficial. Pero la imagen de esos dos hombres en el plato recorrió el mundo durante días.
Ambos escribieron juntos un libro: ‘Nobody’s Perfect’. El título lo dice todo.
El legado real: Galarraga cambió el béisbol sin lanzar un solo juego perfecto oficial
En la historia de MLB hay solo 24 juegos perfectos oficiales en 154 años de béisbol. El más reciente fue de Domingo Germán con los Yankees en 2023. Galarraga no está en esa lista. Pero su nombre es más reconocido que el de varios que sí aparecen, y eso dice todo sobre lo que pasó aquella noche.
El impacto más concreto llegó cuatro años después: en 2014, MLB implementó el sistema expandido de desafíos de mánager y repetición instantánea. Los analistas trazan directamente esa reforma a lo que pasó en el Comerica Park el 2 de junio de 2010. Hoy, en 2026, el sistema ABS de desafíos corrige decisiones de bola y strike en segundos — una cadena tecnológica que arrancó con un roletazo de Donald y una mano que no llegó a tiempo.
Galarraga terminó su carrera con marca de 26-34 y efectividad de 4.78 en 542 innings, repartidos en partes de seis temporadas con cuatro equipos. Hoy opera una academia de béisbol en Austin, Texas. Su récord no lo ponen en el libro de los juegos perfectos. Pero sí en el de las historias que cambiaron las reglas del juego.

