Chris Bassitt no lanzó desde el 3 de junio. El viernes regresó al montículo en Tropicana Field y en la primera entrada sacó a Junior Caminero con un curveball de 71.1 mph que Statcast midió en 23.7 pulgadas de movimiento total: más de lo que la mayoría de las curvas élite de la liga se mueven en promedio. Para un pitcher que acaba de salir de una cirugía de espalda, es un pitcheo que vale la pena detenerse a ver.
Por qué 23.7 pulgadas es un número que importa
El curveball de Bassitt no es una arma nueva. En 2026 lo usa el 26% de las veces —su segundo lanzamiento más frecuente, detrás del sinker— y en promedio se mueve 17 pulgadas horizontalmente y cae 67 pulgadas, contra las 10 y 54 del promedio de liga. Ya de entrada, eso lo pone en territorio élite.
El lanzamiento del 14 de agosto fue a otro nivel. Las 23.7 pulgadas de movimiento total que registró Statcast superan incluso ese promedio ya de por sí alto. Para ponerlo en perspectiva: es una pelota que sale de la mano a 71 mph, gira a 2,303 RPM y en el camino a home describe una trayectoria que el cerebro del bateador simplemente no logra computar a tiempo.
La combinación de velocidad lenta y movimiento extremo es exactamente lo que hace útil a esta curva: el bateador tiene que empezar el swing antes de poder leer a dónde va la pelota, y para cuando el balón llega al plato, ya es demasiado tarde para corregir.
Caminero, el receptor que hace el ponche más valioso
Junior Caminero no es el bateador ideal para mostrar que tu curva funciona. El tercera base de los Rays, de 22 años y oriundo de la República Dominicana 🇩🇴, llegó al juego como uno de los mejores bateadores jóvenes de la AL: en 2025 conectó 45 jonrones y 110 carreras impulsadas, con invitación al Juego de Estrellas incluida.
Lo más relevante es lo que ha hecho en 2026: su swing-strike rate bajó de 11.7% a 8.3%, por debajo del promedio de liga (10.8%), lo que significa que ahora falla menos pitches que el bateador promedio. Que un swing y falla le llegue ante esta curva no dice nada malo de Caminero; dice todo sobre el lanzamiento.
Bassitt tiene historial de mantener a los bateadores fuera de balance con un arsenal variado —sinker, cutter, curveball, sweeper, changeup, cuatro costuras— y el viernes ese arsenal llegó después de más de dos meses sin competir.
El regreso que Baltimore necesitaba ver
Bassitt, de 37 años, llegó a los Orioles de Baltimore este año con un contrato de un año por $18.5 millones. Antes de la cirugía de espalda que lo mandó a la lista de lesionados de 60 días, traía marca de 4-4 con ERA de 5.27 en 12 apariciones. No son los números de un All-Star —lo fue en 2021 con Oakland—, pero sí los de un veterano que puede aportar innings de calidad si el cuerpo responde.
En una temporada en que Baltimore pelea por escalar en la carrera por la postemporada, el regreso de un abridor con experience y un arsenal como el suyo importa. El curveball del viernes fue la primera señal de que la espalda aguanta. La línea final del juego dirá más, pero ese primer ponche ante Caminero fue exactamente el tipo de imagen que un equipo y un lanzador necesitan para arrancar un regreso.

