El agente de Manny Ramírez, Hector Zepeda, está tocando las puertas de los 30 equipos de MLB en busca de un puesto de coach de bateo para su cliente. Ramírez tiene 54 años, 555 jonrones, un promedio de por vida de.312 y un OPS+ de 154 —o sea, 54% mejor que el bateador promedio durante 19 temporadas— para poner sobre la mesa. Y si no hay apertura en las Grandes Ligas, según reportó Jon Heyman este lunes, está dispuesto a empezar en las menores.
El currículum que nadie puede ignorar
Manny Ramírez es, en papel, exactamente lo que un equipo querría en su cueva: uno de los mejores bateadores derechos de todos los tiempos. Su línea de por vida fue.312/.411/.585, con un OPS de.996 y 69.3 WAR —el equivalente a casi siete temporadas de un jugador All-Star adicional acumuladas a lo largo de su carrera. Doce veces All-Star, nueve veces Silver Slugger, dos veces campeón de la Serie Mundial. En postemporada bateó.285 con.937 de OPS y 29 jonrones en 111 juegos.
Su experiencia como coach también existe, aunque es limitada. En 2014 fue jugador-coach con el Iowa Cubs, el equipo Triple-A de Chicago, y trabajó directamente con un prospecto que se llamaba Willson Contreras. Después siguió como consultor de bateo para la organización de los Cachorros hasta 2016. No es un coach sin ningún antecedente en el diamante.
El movimiento es oficial: Zepeda, el mismo agente que negoció su contrato con los Sydney Blue Sox de Australia en agosto de 2020, está haciendo las llamadas. Ese capítulo australiano, por cierto, nunca llegó a concretarse en el campo: Ramírez fue cortado en enero de 2021 antes de jugar un solo partido, con COVID-19 y un problema médico como razones del equipo.
El problema que no desaparece con los años
Aquí es donde el expediente se complica. En mayo de 2009, jugando para los Dodgers de Los Ángeles, Ramírez recibió una suspensión de 50 juegos por uso de hCG, una sustancia prohibida asociada al ciclado de esteroides. Cumplió, volvió, y dos años después, en abril de 2011 con los Rays de Tampa Bay, enfrentó una segunda suspensión de 100 juegos por otro positivo. En lugar de cumplirla, se retiró.
Más adelante solicitó la reinstalación y logró que esa segunda suspensión se redujera a 50 juegos, pero nunca volvió a las mayores. El costo más visible llega cada enero: en el ballot del Salón de la Fama de 2025, Ramírez obtuvo apenas el 34.3% de los votos de la BBWAA, lejos del 75% necesario. Y su ventana de elegibilidad de diez años ya se cerró, dejándolo a merced de un Comité de Era para llegar a Cooperstown.
MLB no tiene una regla formal que prohíba a ex jugadores suspendidos por PEDs trabajar como coaches. Pero las organizaciones tienen memoria, y la preocupación reputacional es real. Los Red Sox, el equipo con el que Ramírez ganó sus dos Series Mundiales y donde es leyenda, tuvieron pláticas informales con él a finales de la temporada 2024 y terminaron contratando a Dillon Lawson como coach asistente de bateo. La puerta se cerró antes de abrirse.
El momento sí tiene sentido: hay puertas abiertas en octubre
El timing de Zepeda no es casualidad. En este octubre de 2026, varios equipos —entre ellos los Padres de San Diego, los Orioles de Baltimore y los Angelinos de Los Ángeles— están en proceso de contratar nuevos mánagers, lo que normalmente arrastra cambios en todo el cuerpo técnico, incluyendo coaches de bateo. Cuando se mueven los mánagers, se mueven los staffs.
Que Ramírez esté dispuesto a empezar en ligas menores dice algo. No es alguien que llegue a pedir un puesto de estrella en el cuerpo técnico de un contendiente: está diciendo que quiere trabajar, aprender el oficio desde adentro y demostrar que su conocimiento del bateo puede traducirse a enseñanza. Desde que en mayo de 2025 le dijo al periodista Héctor Gómez en cámara que estaba disponible para cualquiera de los 30 equipos, la pregunta dejó de ser si quiere. La pregunta es si alguien va a querer a él.
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