El 6 de septiembre de 1995, en Camden Yards, el marcador del Warehouse cambió de 2,130 a 2,131 y Cal Ripken Jr. recibió una ovación de 22 minutos que incluyó al presidente Bill Clinton entre el público. Ese número enterró el récord de Lou Gehrig, que había durado 56 años intacto. Hoy, 31 años después, el récord de Ripken sigue en otro planeta: el mejor perseguidor activo, Matt Olson de los Braves de Atlanta, necesitaría jugar sin parar hasta los 42 años para siquiera acercarse.
La noche que el béisbol esperó 56 años
Ripken llegó a esa noche con una racha que había arrancado el 30 de mayo de 1982 — trece temporadas jugando cada partido, sin importar lesiones, cansancio ni slumps. El juego del 5 de septiembre empató el registro de Gehrig (2,130). El del 6 lo rompió.
En el partido récord, Ripken fue 2-for-4 con un jonrón en la victoria 4-2 de Baltimore sobre California. Al convertirse el juego en oficial — mitad de la quinta entrada — dejó el dugout y dio una vuelta memorable alrededor del campo saludando a los fanáticos, señalando hacia el palco donde estaba su padre, Cal Ripken Sr. Fue el momento más aplaudido de su carrera, y eso que había ganado dos MVP y dos Guantes de Oro.
Lo que mucha gente confunde: 2,131 fue el número que superó a Gehrig, pero no fue el final. Ripken siguió jugando hasta el 19 de septiembre de 1998, cuando él mismo decidió salir de la alineación — 2,632 partidos consecutivos en total. Nadie se acerca a esa marca en la historia del béisbol profesional.
¿Qué tan lejos está el mejor perseguidor activo?
Matt Olson, primera base de los Braves de Atlanta, llegó a 896 juegos consecutivos al 5 de agosto de 2026 — suficiente para colocarse en el octavo lugar histórico de la MLB, superando a Stan Musial (895). Su racha comenzó el 2 de mayo de 2021 con los Athletics y no se ha interrumpido desde entonces.
El tuit de @ESPNInsights proyecta a Olson cerca de los 924 juegos al día de hoy, lo que lo dejaría todavía a más de 1,700 partidos de distancia del récord de Ripken. Para igualarlo, Olson tendría que jugar cada partido hasta aproximadamente mediados de 2036, cuando rondaría los 42 años. El segundo activo más cercano es Pete Alonso de los Orioles de Baltimore, con 523 juegos en agosto.
El espacio entre Gehrig (2.°, 2,130 juegos) y Olson (8.°, racha activa) ilustra cuán extraordinario es el número de Ripken: en toda la historia del béisbol no hay nadie con más de 1,307 juegos consecutivos entre el segundo y el octavo lugar. La brecha es un cañón, no una distancia.
Un récord que ya fue ‘irrompible’ dos veces
Cuando Gehrig dejó de jugar el 2 de mayo de 1939 — enfermo de ELA, no por decisión táctica —, su racha de 2,130 juegos fue catalogada de inmediata como el récord más imposible del béisbol. Duró 56 años y cinco meses antes de que Ripken lo pulverizara.
Pero hay un detalle que suele quedar fuera de las notas de aniversario: Ripken también superó el récord mundial. El japonés Sachio Kinugasa había jugado 2,215 partidos consecutivos en las ligas de Japón. Ripken lo alcanzó el 14 de junio de 1996 — con el propio Kinugasa en el estadio — y siguió hasta 2,632.
Ahora el récord vuelve a sonar ‘irrompible’. La diferencia es que esta vez los números respaldan el adjetivo: Olson tendría que mantenerse sano, en forma y en la alineación titular durante diez temporadas más para llegar al nivel de Gehrig. Para llegar a Ripken, necesitaría dos décadas adicionales. El Iron Man dejó una marca que el béisbol tardará en volver a discutir en serio.

