Miles Mikolas tiene 37 años, un ERA de 5.65 esta temporada y su último turno al bate había sido en 2021. El 5 de agosto de 2026, con el banco de posición de los Nationals de Washington completamente vacío y el juego empatado en la 11ª entrada, el mánager Blake Butera no tuvo más opción: mandó a su lanzador a batear como emergente contra los Phillies de Filadelfia. Mikolas ejecutó un safety squeeze perfecto, anotó a CJ Abrams desde tercera y abrió la compuerta para seis carreras en esa entrada. Final: 10-4. Siete derrotas seguidas, borradas.
Cómo se llegó al momento más raro de la noche
El banco de posición se había agotado antes de la 11ª entrada por una cadena de movimientos tácticos. El punto de quiebre llegó cuando Andrew Pinckney entró a correr de emergente por Abimelec Ortiz: al tomar el campo, Washington perdió automáticamente el DH, lo que obligó al pitcher a ocupar un lugar en el orden de bateo. Con ese movimiento, Butera sabía que si llegaba el momento, iba a necesitar que alguien del bullpen se parara en el plato.
Mikolas no fue una elección al azar. De todos los lanzadores disponibles, él era el único con experiencia real al bate: pasó años bateando en la Liga Nacional con los Cardinals de San Luis antes de que la NL adoptara el DH universal en 2022. Cuatro años después, con la regla ya instalada en ambas ligas, esa experiencia previa valió más que cualquier emergente de posición que ya no existía en el dugout.
La jugada que ejecutó fue un safety squeeze: CJ Abrams esperó en tercera base a que Mikolas hiciera contacto antes de arrancar. No es el toque suicida donde el corredor se lanza antes del pitcheo; es la variante más controlada, la que requiere que el bateador sí toque la pelota sí o sí para que funcione. Mikolas la tocó. Abrams anotó. Y los Nationals explotaron por seis carreras en esa misma entrada.
Un partido que necesitaba más que un lanzador al bate
El squeeze de Mikolas fue el momento viral, pero el partido lo cargó CJ Abrams. El campocorto de Washington llegó a la 11ª con tres hits y cuatro veces en base en la noche, y fue su triple el que puso a un corredor en tercera para que la jugada fuera posible. Sin ese triple, no hay squeeze, no hay seis carreras, no hay historia.
Brady House también sumó con un jonrón como emergente, y Will Dion hizo su debut con los Nationals en el mismo juego. Para un equipo en reconstrucción que llegaba con siete derrotas seguidas a la semana, ganar 10-4 en extras de esa manera tiene un peso diferente al de un triunfo ordinario.
Mikolas, por su parte, llega a agosto con números de abridor que no convencen: 3-7 y ERA de 5.65 en 22 apariciones. Pero como relevista largo ha sido otra historia — ERA de 4.04, WHIP de 1.10 y K-BB% de 8.8 en 49 innings, cifras que justifican que el equipo lo tenga en el roster. Que además sepa hacer un toque de bola es, digamos, un bono que nadie esperaba cobrar.
Por qué esta jugada parece sacada de otro béisbol
El squeeze play tiene 132 años de historia: fue ejecutado por primera vez en 1894 en un partido universitario en Yale. Durante décadas fue una herramienta habitual del ‘small ball’, pero el béisbol de poder de las últimas dos décadas lo fue enterrando. Hoy se ve ocasionalmente, en situaciones muy específicas, y casi nunca con un pitcher en el plato.
Que ocurra en 2026, cuatro años después de que la NL adoptara el DH universal, lo convierte en algo todavía más anacrónico. No hay registro verificado de que sea un récord histórico absoluto — ha habido pitchers como emergentes en situaciones de banco vacío en otras épocas — pero el contexto lo hace improbable de una manera que pocos momentos en béisbol moderno pueden igualar.
Mikolas tiene historia de adaptarse a escenarios distintos: pasó tres temporadas en el béisbol japonés con los Yomiuri Giants entre 2015 y 2017, donde fue 31-13 con ERA de 2.18 en 62 aperturas. El tipo sabe leer el juego desde ángulos que no todos los lanzadores conocen. Eso no garantiza nada al bate, claro. Pero esta vez, con el banco vacío y los Nationals perdiendo una semana entera, fue suficiente.

