Brusdar Graterol no ha lanzado en un juego de Grandes Ligas desde la Serie Mundial de 2024, pero esta semana apareció entrenando en las instalaciones de los Dodgers en Arizona — como agente libre, sin contrato, y con dos cirugías encima. El tuit de Dodgers Nation del 5 de noviembre lo documenta y dispara la misma pregunta que varios analistas del mercado ya se hacen: ¿se viene un contrato de ligas menores para el venezolano con uno de los ERA más bajos del bullpen angelino en la última década?
Dos temporadas perdidas, pero el ERA sigue intacto
Los números de Graterol en papel son los de un relevista que cualquier equipo querría: 2.78 de ERA y 1.04 de WHIP en 188 apariciones de Grandes Ligas, con 2.69 de ERA específicamente como Dodger en sus cinco temporadas (2020–2024). Once victorias, nueve derrotas, 11 salvamentos. No es un cerrador de élite, pero tampoco es fácil de reemplazar.
El problema es todo lo que pasó después. En noviembre de 2024 le repararon el labrum del hombro derecho y se perdió la temporada 2025 completa. Los Dodgers lo volvieron a firmar en enero de 2026 — un contrato de 2.8 millones de dólares, el mismo salario que ganaba en 2024 — apostando a que la recuperación sería limpia. No fue así. El 22 de marzo de 2026 lo pusieron en la lista de lesionados de 60 días. Debutó en Triple-A con Oklahoma City el 2 de mayo, su primera acción en un partido en más de un año, pero sufrió una lesión de espalda durante esa misma asignación de rehabilitación y requirió una segunda cirugía. Fin de temporada, otra vez.
Que el contrato de 2026 haya terminado y que los Dodgers no le hayan extendido una oferta calificadora a ninguno de sus agentes libres este invierno lo convierte en pieza suelta del mercado — pero no en un jugador olvidado por LA.
Entrenar ahí no es casualidad
Que Graterol aparezca en las instalaciones de Camelback Ranch no es un detalle menor. Los jugadores en recuperación pueden entrenar en cualquier lugar; elegir el complejo de tu ex equipo —con todo el staff médico y de desarrollo que lo conoce— dice algo sobre adónde apunta su proceso.
El mánager Dave Roberts lo dijo directamente durante la asignación de rehabilitación de mayo pasado, citado por Yardbarker: «No ha lanzado mucho en los últimos dos, tres años. Su progresión tiene que ser metódica.» La frase sigue siendo válida en noviembre. Graterol no es un proyecto de recuperación rápida: es un proceso que necesita tiempo y seguimiento, y los Dodgers lo saben mejor que nadie.
Analistas del mercado y periodistas del beat de LA coinciden en que cualquier reunión sería a través de un contrato de ligas menores con invitación al campamento de primavera — no un acuerdo garantizado de Grandes Ligas. Es la apuesta de bajo riesgo y potencial alto rendimiento que encaja perfectamente con la forma en que los Dodgers arman sus profundidades de bullpen.
Qué tiene que pasar para que el regreso sea real
En su único juego de rehabilitación en mayo, la recta de Graterol tocó 95 mph, según Yardbarker. No es la explosividad que lo definió en sus mejores años, pero tampoco es la velocidad de un lanzador al que le quedó poco. El punto de partida existe; el camino desde ahí depende de que la espalda aguante una preparación completa.
El contexto del mercado también ayuda a entender la urgencia de los Dodgers. Con ocho agentes libres notables saliendo este invierno —Tarik Skubal, Alex Vesia, Evan Phillips, Blake Treinen entre ellos— y reportes de un posible lockout que apresura el mercado, armar el bullpen 2027 de Los Ángeles es una prioridad real. Un Graterol sano, aunque sea en ligas menores para empezar, cuesta poco y puede rendir mucho.
Por ahora no hay acuerdo anunciado. Lo que hay es un venezolano con uno de los mejores ERA de la historia reciente del bullpen angelino, entrenando con los colores azules en noviembre, después de dos años que no le salieron como nadie quería. Que siga ahí es, cuando menos, la señal más clara de que la historia no terminó en 2024.
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